06/05/08

Lima la horrible (me quejo)

¿Han visto cómo está Lima? Insoportable. Demasiados autos, demasiados edificios, demasiadas personas, demasiado desorden... Si para Salazar Bondy fue Lima la horrible, y eso que fue hace como 40 años, ¿qué es para nosotros ahora? Aunque él se refería más a costumbres, pensamientos, orientaciones, corrientes y demás bla bla blás de su época.
Pero yo me refiero a la evidente e inevitable somatización de todos los problemas de la ciudad en una transformación, o mejor dicho, una defiguración física, estructural, interpersonal y ecológica que salta a la vista desde las construcciones desmedidas hasta el tráfico caótico. Es algo muy notorio sobretodo en estos últimos meses, semanas, días, al vernos atrapados, interrumpidos, golpeados, por la cumbre que viene la próxima semana. Lima se desborda y no está preparada.

Al menos yo no estoy preparada y eso me altera. Me altera y me pone de mal humor. Así que este post constituye una queja/catarsis de esta sensación que seguramente no sólo me invade a mí. Generalmente mantengo una visión positiva de la ciudad de mi vida y procuro encontrar lo bueno de todo, o de la mayoría de las cosas.

Tan positiva soy a veces que hasta pensé en no escribir esto, para darle una oportunidad a Lima y a todo su inconsciente colectivo y ver si algo cambia por cosas de la vida, cosas del destino o por arte de magina. Mas este "enhorriblecimiento" (neologismo de mi propiedad intelectual) actúa en desmedro de mi serotonina, endorfinas, idealismo y positivismo, y empieza a desarmarme el kiosko, así que he recurrido a una verbalización por escrito de mis pensamientos cada vez menos esperanzados.

Nuevamente me encuentro en una ambivalencia, esta vez de ser o no ser, querer o no querer, tener la esperanza o no tenerla. Igualmente me quejo y con justa razón. Pistas rotas, gente gritando, gente tocando la bocina como si fueran a ganar plata por ello, humo, accidentes, gente que maneja borracha, basura... y tantas otras cosas que ya forman parte de un círculo vicioso al que no hay cómo o cuándo darle corte.

¡Auxilio! ¿Cómo haríamos?




01/05/08

Patricia va en línea recta (los caminos de la vida)

Patricia es una de mis compañeras de trabajo y, por esos caminos de la vida, nos hemos hecho buenas amigas. Eventualmente vamos al banco a la hora de almuerzo, o vamos a almorzar cerca de la oficina y otros días hace uso de sus artimañas, que en realidad no son muy complejas porque caigo rápido, para llevarme de compras. La cosa es que el común de todas estas salidas, compras y caminadas en general, es su imperturbable línea recta.

Ella camina y nada más importa, mucho menos la persona que se encuentre a su lado. Sigue de frente, derechita, en la mitad de la vereda, como guiada por un centro electromagnético muy personal, muy propio, que sólo le permite apuntar de frente. Inamovible. Nuevamente, imperturbable.

La persona que va con ella (para efectos de este post, yo) tiene que pasar toda clase de obstáculos. Es como ser Mario en esas épocas del Super Nintendo: salto huecos, trepo muros, subo gradas, esquivo personas y eventualmente empujo alguna, si es que no termino chocando con algún poste o tacho tipo r2d2. Tampoco es que mis habilidades motrices y orientación espacial estén hasta el cien, pero es que aún haciendo todos los esfuerzos, esto resulta inevitable.
Una vez agotados mis recursos o luego de haberme torcido el pie, lo que venga primero y que suele ser a los 5 minutos más o menos, ya opto por el diálogo enérgico. Patricia, déjame caminar!!! Please ^^
Es ahí cuando se da cuenta del mundo que la rodea y ya camina menos posesiva de la vereda, más conciente. Luego se olvida. Y empezamos de nuevo. Pero no voy a negar que resulta super divertido (contarlo).
P.D.: Joder!! Nos ponemos nuestras Starbucks!!
Ejem! Querrás decir nuestras All Star, no?

05/02/08

Mirellita

Siempre digo que me gustan los niños. Es más, me encantan. Sobretodo cuando están entre los 7 y los 10 años, en esa etapa del "por qué", tienen taaanto que contar y taaanto deseos por saber... puedo absolver todas y cada una de las preguntas que me hagan sin cansarme, claro, siempre y cuando sepa la respuesta. Bueno, será porque hasta ahora no me preguntan tanto tanto o no me hacen la famosa pregunta "¿de dónde vienen los bebés?". Uff felizmente... esas preguntas difíciles se la deben hacer a sus papás. Ya veré yo qué hago cuando tenga hijos y me vengan con esas cosas.

Por otro lado, creo que empiezo a notar que no me gustan los niños que están entre los 2 y los 5 años, al menos varios. Están en esa etapa de autodescubrimiento y de egocentrismo manipulador tal que no sé qué hacer... me da cosas... aléjenlos de mí... señora, ya pues, controle a su hijo...

En todo caso, creo que tengo un sentimiento ambivalente hacia los niños de esa edad. Tanto o más como pueden tener ellos sus propios sentimientos ambivalentes hacia las personas o cosas: bueno o malo, ¿bueno y malo? pero no ni bueno ni malo.

El domingo pasado día fui a la peluquería que queda a la vuelta de mi casa para materializar la pedicure que había rondado mi mente toda la semana. La señorita (o mejor dicho, señora) que se encargó de atenderme tiene una bebé de casi dos años, Mirella. Cuando llegué, la enana, sumamente pequeña y caminadora, me hacía gestos de ¡hola!, sonreía, hacía ruiditos... jugaba con un envase de no sé qué producto para el pelo... mientras yo forzaba mi memoria a recordar cuándo es que un bebé debería estar hablando ya al menos una frase corta... Brunet, desarrollo psicomotor... Piaget... Reyes... Schaffer... chispas...

Mirella se acercaba a mí, se reía, intentaba decirme cosas con soniditos extraños y yo no entendía ni papas. Hizo miles de cosas a mi alrededor y yo le celebraba moderadamente sus gracias. En un momento quiso entrar por el espacio que había entre el mueble donde yo estaba sentada y otro mueble donde estaba el teléfono del local. Como habían cables y el espacio era angosto, le hice un gesto de "no" con la cabeza... craso error. La enana me miró con cara de odio y empezó queriendo pegarme, es más, me tiró un manazo en la pierna y luego amenazó con tirarme uno de sus zapatitos... ante la orden de su madre para que no haga esas cosas (concentradísima en el esmalte) Mirella se puso a llorar... llorar y llorar... mamáaaaaaaaa.... ahhhh... intento pegarme otra vez... me miraba feo y yo no sabía dónde meterme.

No sabía qué había hecho... me sentía confundida... buaaaaa!! seguía llorando... ¿tal vez sintió que había invadido su dominio?.... buaaaaaa!!! mirada de odio profundo... puede ser eso, tal vez su dominio es el recinto de la peluquería... buaaaaa!!! Mirella noooo le pegues!!!... o tal vez la enana quería atención... buaaaaa!! Mirella, no me muevas!!!... por favor aléjenla de mí!!

Decidí, entonces, ignorarla. La dueña de la peluquería, que en ese momento se encontraba cepillando el pelo de otra clienta, le pedía que le pase un gancho. La mamá, que le pase el pomito. A todo esto ella contestaba con un rotundo y lloroso ¡NO! Y estuvo en ese plan entre 5 y 10 minutos.

Después de un rato, la mamá logró convencerla de que le alcance un pomo que estaba más o menos por detrás del mueble donde yo estaba sentada. Se distrajo como por arte de magia y luego se acercó a mí, me miró y me sonrió... aún con una lágrima bajando por su cachetito. La miré, le sonreí y le dije "mira tu lágrima, cómo la has botado" y le hice cariños en su cabecita. Apoyó su cabeza en mi regazo y ahí estuvo un rato. Así nos amistamos. Es más, me perdonó.

Se fue tranquila y contenta. Claro, luego de dejarme babeado el pantalón... Estuvo mirándose en el espejo, sonriendo, "hablando" sola... y yo forzaba a mi memoria a recordar cuándo es que los niños se reconocen en el espejo...


12/12/07

Frío, frío... como el agua del río

Breve inspiración en la clase de Towers.

Justo a la mitad del río
olvido mi nombre
y no atiendo al llamado
desde la orilla, desde la orilla...

Suena a un tremendo grito
o tal vez a un ruido desconocido
a una bulla aturdidora
he olvidado mi nombre... Dios mío!

Busco el camino
voy en busca del destino
no entiendo, sólo olvido
las palabras que el agua ha perdido

Lucho contra la corriente
justo a la mitad del río
aún no recuerdo mi nombre
y sólo sigo, sólo sigo...

Sólo sigo hasta la otra orilla
tan lejana, un mundo infinito
detenerse está prohibido
yo sólo sigo, yo sólo sigo...

Y ahora digo, hasta llegar
a la otra orilla
de este río, espero,
mi nombre aguarda... por ahí...
escondido.


Gracias profe, por su clase horriblemente aburrida, aburridamente precisa, precisamente inspiradora.
Inspiradora para asociaciones libres que nada tienen que ver con su tema.
Extrañaba este tipo de días.


P.D.: Feliz cumple, hermanita!

14/11/07

De.ma.sia.do.

Björk ayer.
Hoy sigue la emoción a flor de piel.
Y no dejo de cantar Bachelorette.
Grité, salté, canté y lágrima salió de mi ojo.
Definitivamente es de otro mundo: canta como los dioses, nunca envejece, es preciosa y una termenda maestra.

Mis más sinceros respetos. Tengo la satisfacción de haber ido a verla!!


Ahora toca Soda. A esperar hasta diciembre... falta poco!!
Escuché sobre otros grupos???
P.D.: foto prestada.

20/10/07

En la orilla del mar.

En la orilla la pequeña juguetea, corre hacia el mar y regresa rápidamente para no mojarse... Tierra... mar, tierra, mar... tierra... ¡MAAAAAR! Corrió todo lo que pudo, pero no logró librarse del agua en la última ola.

¡Mamá! ¡Está muy fría!
Sí... pero vas a ver que te acostumbras rápido.
Me da miedo el mar, mamá.
No debes tener miedo...
Mamá, escucho a todos decir que el mar está picado ¿qué es eso?
¿Ves cómo está el mar?
Sí, se mueve mucho y las olas están grandotas, da miedo.
Cuando está así, se dice que está picado.
Ah... se ve peligroso...
Es cierto, pero si te fijas, las olas tienen cierto ritmo...pronto se calmará un poco y dejará de ser peligroso.
Hace rato que no se calma...¿estará molesto?
Quién sabe. Mientras tanto esperemos, podemos mojarnos las patitas por aquí.
¿Por qué se podría molestar el mar? De repente tiene hambre, como yo ¿no?
De repente...

Mamá ¿esto es seguro?
Claro, confía en mí. Mira la gaviota de allá...
Está volando ¡ay!
Se zambulló en picada y espera... por ahí... salió flotando.
Ohhh...¿no le da miedo hacer eso?
Tal vez la primera vez le dio miedo...
Como a mí ahorita.
Sí... y con la práctica aprendió a no tener miedo. Ahora ya conoce el mar.
Mami, mira, hay muchos muymuys... me hacen cosquillas cuando pasan cerquita.

Mamá, tengo hambre... y el mar sigue picado...
Ten paciencia.
Mamá, cuando vaya a zambullirme ¿cierro los ojitos?
¿Tú qué crees?
No sé... me van a arder.
Si los cierras no vas a ver nada.
Mmmm...¿y si me entra agua a la nariz?
No te preocupes, no pasa nada. Recuerda lo que ensayamos.
Está bien... tengo mucha hambre...
No desesperes... mira, empieza a calmarse... mira las olas...

¿A la cuenta de tres?
Me da miedo.
¿Confías en mí?
Sí, mamita.
Muy bien. Entonces a la cuenta de tres.
Bueno...
Uno... dos... ¡tres!

Corrieron en dirección al mar, extendieron las alas y echaron a volar hacia una gran mancha de peces. Hora de almuerzo.

Le entró un poco de agua a la nariz pero consiguió, orgullosísima, su primer pes...cado.

23/09/07

Reinita? No, Principita. Por favor.

Nunca me habían dicho reina tantas veces, tantas personas en un mismo lugar todo en el mismo mes. Reinita, esto. Reinita, lo otro. Reina! un favor. Reina, no te olvides de...

Pero no es que yo tuviera corona, sangre azul ni mucho menos un título de nobleza. Nada de eso. Creo que eso de llamar "reina" o "rey" a otra persona es un recurso bastante económico para la memoria, en vez de tener que aprenderse los nombres de tantos que tienen el mismo uniforme y que, a la larga, a los de mayor jerarquía (por decirlo así) le pueden parecer todos iguales. Aunque, valga decir que el esfuerzo mnémico no debe ser colosal, pues cada uniforme tiene un apartado especial para el nombre de quien lo porta. Y se ve ahí, clarito, bien escrito, bien puesto.

Mi reeeeeeiiiiiinaaaaaaaaaaaaaaa!!

Basta ya! Conseguí una etiqueta y con una línea gruesa hecha a punta de varios trazos de lapicero, escribí mi nombre. Pegué esta etiqueta en el espacio reservado para el nombre, que debería estar escrito en plumón, de quien porta el uniforme (cazadora, así se llama la chaqueta) para ver si lograba un cambio, pues hasta ese entonces ese espacio permanecía en blanco.

**Aún así no me salvaba en los pasillos de la tienda: "Señorita, dónde están las pinturas látex?" o "Señorita, los clavos?"

Reinita, esto. Reinita, lo otro. Reina! un favor. Reina, no te olvides de...

Llegué al punto de desear que por favor me llamen Plebeya. Pero reina es más bonito, no? Sólo que cuando lo usan en cantidades industriales ya pierde el cariñito y se vuelve una forma más bien super despersonalizada de referirse a los demás. Chau identidad.

Me sentí despersonalizada. Por favor, mi nombre es Emil, llámame Emil en la medida de lo posible. "Ya, gordita"

Y un día conversando con mis amigos del curso que llevo los lunes, el buen Manu me dijo que estuvo leyendo el Principito y se acordó de mi (dizque por el dibujo de la boa que estaba digiriendo a un elefante) y de mis quejas por mi reinado tan populista y tan compartido y tan indiferenciado.

Concluyó entonces, que yo no soy reina, ni reinita, ni nada. Yo soy la Principita. Y bueno, leyendo la primera parte del libro... creo que sí, tiene razón, algo de principita tengo... por no decir que en ocasiones me proyecto ya mucho... habrá querido decir que soy una quemada? Prefiero pensar que es porque tengo alma de niña y mucha imaginación (ejem!)


P.D.: Encontré, para aquellos curiosos, un sitio en internet donde pueden leer El Principito.